Se oye comentar a las gentes del lugar que los rockeros no somos buenos.
Mitología de escaparates negros y días de niebla sin gorilas.
A la sazón, mentes automáticas sin masa oscilante, nargas largas, tangas rojos y verdes brotes sin dinero.
Claro que palmamos los viejos rokeros, y los jóvenes también.
Escuchando the jack, voz sugerente como de enfermera en celo.
Hijos de puta que no encuentran a sus madres.
Mitos, porros, toretes, cajas de cambio con holguras acojonantes y facturas de fracturas.
Su puta madre sigue buscando piso, un hombre que la entienda y le que pague las facturas de la tienda.
Arrodíllate pero que tu corbata no toque el suelo.
Vámonos a Libia a matar para que no maten.
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