Mi negra preferida se queja dentro de un vaso de blues
dibuja pesares en la niebla azul turquesa de un cigarro
Brillantes empeines de cuero de cuerpo de vaca
brillantes melenas azucaradas, brillantes hombres de cartón
Nubes de cenizas
semáforos de cielo vigilados por polis muertos
que multan incluso a dios
Esquina de conciencias
a la izquierda según se llega a la charca de las mujeres voluptuosas
las que murieron a manos de los maridos ebrios de odio
Celos acerados, hostias de ida sin vuelta de hoja
los bancos abren de madrugada, le prestan dineros a los sin techo
y las nubes se levantan dejando a la vista de todo el mundo
la peluda entrepierna de la diosa avaricia.
Y canta la James, me ronronea al oído otro blues.
Qué hija de puta, cómo canta.
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